christ-x-mas: rápido, intenso y sorprendente

Ha llegado la Navidad a la Gran Vía. Todo el mundo corre a mi lado ajetreado comprando los últimos regalos para esta noche… siempre a última hora, yo incluida. Primero tengo que ir al Zara Hombre, pienso toda concentrada mientras repaso la lista de regalos pendientes.
Pero de golpe, me pierdo. ¿De dónde viene ese olor? Es inevitable girarme y buscar el rastro.Y de golpe lo localizo.

Wow qué hombre, mira como corre hacía el H&M, seguro que como yo va a buscar los últimos regalos. No sé que es el que me impulsa, quizás el calor que ha empezado a nacer dentro de mi, pero de repente cambio mi rumbo y empiezo a perseguirlo. Subo las escaleras detrás suyo y rápidamente le adelanto, rozando ligeramente mi mano con su cuerpo y cuando me mira le sonrío toda coqueta. Si, ya me ha visto.
Me voy como si nada a la planta de chicas, pero no lo puedo resistir y pego la vuelta. ¿Qué me pasa? Lo busco por la toda la sección de hombres… Me quedo mirándolo boquiabierta y de golpe, como si notara mi presencia, levanta la cabeza. Al veremos de nuevo sonríe pícaramente, ya le empieza a gustar este juego, y sin más iniciamos una persecución de miradas por toda la planta. A cada nueva mirada parece que me desnude, a cada minuto que pasa tengo más ganas.
Veo como empieza a dirigirse a la sección de cinturones. Coge uno, se da una vuelta con él en la muñeca y lo tensa, comprobando su resistencia mientras me mira y me guiña el ojo. Se gira y coge los primeros pantalones que encuentra, ¡ni siquiera ha mirado la talla! Me vuelve a mirar, me sonríe y ladea la cabeza indicándome los probadores y sin pensármelo ni un momento me dirijo tras él.
Mi excitación empieza a ser visible, siento como me suben los colores y rápidamente cojo la primera camisa que encuentro para tener la excusa para entrar. ¿Estás segura?, me pregunta mi pepito grillo, ¡que ni siquiera lo conoces! Pero la química que siento y me arrastra es inevitable. Al fondo de todo a mano derecha, veo el cinturón colgado y la puerta entreabierta. Empiezo a entrar, despacito por si me equivoco, ¿habré entendido bien sus intenciones? Y de repente, una mano me coge de la cintura y me mete dentro del probador de un revuelo.
Me sonríe, otro vez aquella maldita sonrisa, y ese olor, que es mucho mejor en la corta distància. Sin darme tiempo de coger el aliento ni hablar, empieza a besarme y, discretamente, me ata las manos con el cinturón. Me levanta jersey y la camiseta, acariciándome los pechos. Cuando ve que tengo los pezones que están gritando para ser acariciados, me saca el sujetador y empieza a darles pequeños pellizcos. Con la otro mano se abre paso entre mis braguitas y comprueba que ya estoy más que a tono. Él también lo está, el paquete que noto lo delata.
Empiezo a sacarme los zapatos desesperadamente con los pies. La intriga de si nos van a pillar hace que mis ganas aumenten. Cuando abro los ojos, me doy cuenta que él ya se ha bajado los pantalones y está preparado, muy muy preparado. Me arranca los míos en un plis-plas y me alza con sus brazos mientras yo lo rodeo pasando las manos por encima la cabeza, todavía atadas.
Y allí dentro, en medio del caos de un probador en plenas fiestas, echo el polvo más rápido e intenso que podía imaginar.

Se queda unos instantes apoyado sobre mis pechos, me baja y me da un beso de esos de película. Nos separamos y empezamos a vestirnos. Mi sonrisita idiota empieza a salirse por la comisura de mis labios. Salimos los dos del probador, como si nada, me da una tarjeta y me dice “Un placer” y me deja allí pasmada en medio del H&M. Ni su nombre me ha dicho, pero la verdad ahora mismo tampoco es que me importe demasiado. Nos acabamos de hacer el regalo más sorprendente que seguramente tendremos estas fiestas.

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